Educando en Valores

Un experto psicopedagogo estadounidense junto a su equipo de educadores y psicólogos, lleva años analizando el comportamiento de los más pequeños en relación con su personalidad a edades más maduras: adolescencia e inicio de madurez en la mayor parte de los casos. Y se ha podido demostrar que los  niños y niñas que, dentro del conjunto de educación en valores que suele recibirse por parte de toda la sociedad (colegio, familia, amigos, resto de niños…), aprenden a respetar la naturaleza de manera lúdica, consiguen mayores efectos positivos que intentando concienciar a la sociedad a edades más avanzadas.

Lógicamente, a una niña de tres años no puedes ponerle un vídeo sobre polución ni un documental y, a veces, incluso por mucho que le expliquemos la importancia de reciclar o de no tirar papeles al suelo no terminan de comprenderla. Lo más normal es que copien la conducta de sus padres y su entorno sin ser demasiado conscientes de lo que eso significa. Así, con suerte, si la familia es respetuosa con el medio ambiente, la niña también lo será, pero no porque sepa lo que eso significa sino porque si ve que su padre tira los papeles a la papelera, ella copiará esa conducta.

Ahora bien, se ha comprobado que si mediante el juego y el ocio se intenta explicar a los más pequeños lo que es la naturaleza y lo que significa para nosotros, la respuesta es totalmente diferente, y no sólo adoptarán posturas respetuosas con el medio ambiente sino que sus conductas se convertirán en una filosofía de vida que mantendrán en su adolescencia y madurez.

Juegos para concienciar a niños en la primera etapa educativa (0-3 y de 3-6 años)

Cuentos: Los cuentos son perfectos para lograr este objetivo pero hay que ser consciente del tipo de cuento que podemos escoger para unos y otros dependiendo de su edad. Lógicamente, por muchos cuentos que les narremos a los niños menores de dos o tres años, no vamos a conseguir que comprendan demasiado de la historia, pero sí podemos narrarles el cuento acompañándolo con láminas de dibujos y demás imágenes. Al principio sólo les llamarán la atención por sus colores y luego, poco a poco, irán comprendiendo qué hay en la imagen. Al final, los pequeños asocian las imágenes a la historia de modo que, si ambos factores guardan relación con la naturaleza (imagen de bosques mágicos, campos de cultivo, etc.) acabarán por identificarla con algo positivo.

Obras de Teatro: A todos los padres, cuando llega el fin de curso, les gusta ver a sus hijos disfrazados encima de un escenario y contando una bonita historia donde, si además, son protagonistas o tienen un papel especial, acabarán con un charquero de babas. Entonces ¿por qué no utilizar ese montaje para mostrarles la importancia de cuidar el planeta? Podemos convertir a los niños en árboles, flores, animales e incluso en superhéroes que protegen la naturaleza. Disfraces encontraremos a patadas, en  La Casa de Disfraces, por ejemplo, podemos comprar casi de cualquier temática, y la historia puede ser fantástica (con flores que hablan y hadas o duendes) o realista (con niños que defienden al bosque).

Películas y Dibujos Animados: En esto los asiáticos nos llevan ventaja, no sólo por conseguir crear un mundo donde la naturaleza se personifica: cada piedra, cada árbol tiene vida. Sino porque además, por su cultura, dan a la naturaleza en sí una apariencia y un nombre (normalmente son deidades) como ocurre en películas afamadas como “La Princesa Mononoke”, “El Viaje de Chiriro” o “El Castillo Ambulante”. Pero  en el mundo occidental también podemos encontrar algunas bastante buenas, y más infantiles, como “Minúsculos: el Valle de las Hormigas Perdidas”, “Wall-E” o “El Bosque Animado”.

¿Qué sociedad estamos creando? Cuida tu entorno

El boom que el turismo rural tuvo hace ya varios años, aunque ha caído levemente, se ha estabilizado, y ahora goza de un público fiel que contrata servicios y alojamiento en zonas rurales de toda España. Eso es fantástico porque, de este modo, se fomenta el cuidado de parajes y áreas extraurbanas  ya que, si no se cuidaran, llegaría un momento que acabarían por perder dicho turismo. En otras palabras: por interés te quiero Andrés, pero bienvenido sea.

Ahora bien, ¿hacemos los turistas lo mismo por esas zonas rurales? Este pasado fin de semana, con la llegada del calor, decidí montar una Barbacoa en familia en una zona habilitada para ello y me encontré con que varios conciudadanos habían decidido hacer lo mismo. En la mesa de la izquierda 15 o 20 jóvenes riendo sin parar con latas de cerveza y sangría, en la mesa de la derecha tres familias con hijos disfrutando del día igual que nosotros y en otra mesa que está un poco más alejada, lo que parece ser otra familia con abuelos incluidos.

Sobre las 13:00 aproximadamente, nos acercamos a la zona de barbacoas (a unos 10 metros de donde estábamos con las mesas) y nos vemos una pelea bastante ridícula entre dos de los jóvenes y un matrimonio de la mesa de al lado que discutían sobre el ruido que estaban haciendo. Obviamente los jóvenes defendían que estaban al aire libre y que no estaban haciendo nada malo, mientras que el matrimonio defendía que no paraban de gritar y cantar y estaban molestando al resto de visitantes.

Sinceramente, había ido a pasar un día alegre al campo y no pensaba meterme en esos líos así que me puse a hacer las brasas y pasé olímpicamente de la discusión, aunque he de decir que me hizo mucha gracia ver pasar a los hijos de la familia que tanto se quejaba por el ruido, gritando y corriendo a mi alrededor en, al menos, tres ocasiones.

Pasamos el resto de  la jornada bien, en paz, y cuando veo que empieza todo el mundo a recoger para irse no puedo evitar fijarme en lo que hacen. Los jóvenes de mi izquierda, con bolsas de Mercadona y Carrefour, se pusieron a recoger latas, platos de plástico, restos de comida, servilletas y cualquier otra cosa que hubieran podido tirar en su zona. La familia de mi derecha hizo lo propio, aunque con menor fortuna porque “por error” abandonaron en su área varias servilletas que los niños habían tirado al suelo, un par de latas de cola que habían apoyado junto a un árbol y, para más inri, un charquero de restos de bebida y líquidos de latas en conserva tipo mejillones y berberechos que habían ido tirando a tierra.

“¡Disculpen!”, llamé su atención cuando ya se iban “se les olvidan varias cosas” les dije y señalé el desastre. Los jóvenes, que estaban ya a punto de irse también, empezaron a aplaudirme y la familia, demasiado orgullosa como para dar la vuelta, empezó a gritar cosas como “¡Recógelo tú!” y “¡Vete a la mierda payasa!”.  ¿Sabéis quienes recogieron al final sus restos de basura? Los jóvenes y nosotros. La familia que estaba algo apartada en la otra mesa me enorgulleció cuando pasé a su lado para irnos y alabaron nuestra actuación.

Queremos disfrutar del campo, de lo que es de todos, y a cambio no respetamos nada. Nos quejamos de jóvenes riendo y cantando  y no llevamos cuidado para que nuestros hijos no molesten al resto de personas, la ley del embudo ¿verdad?

Un comportamiento visible en todas partes

Pero esta no es la primera vez que me pasa. Cuando nos alojamos en el Cortijo el Sapillo nos encontramos que, los propietarios de la Finca, estaban bastante disgustados con los inquilinos anteriores que habían dejado “de todo” por los alrededores de la casa y en su interior. Nos contaron que vieron hasta condones escondidos entre la hierba… ¿pero qué tipo de personas estamos creando en nuestra sociedad?

Cuando estuvimos haciendo barranquismo con los profesionales de Ocio Aventura Cerro Gordo aplaudimos su actuación cuando llamaron la atención a un grupo de jóvenes que pretendía hacer rafting después de beber un número enorme de latas de cervezas y lanzarlas al paraje sin contemplación ninguna. Por un lado, estaban contaminando toda el área y, por otro, podían sufrir un accidente por culpa de su falta de conocimiento. Repito la pregunta ¿qué tipo de personas estamos creando en nuestra sociedad?

Botellones nocturnos y diurnos en playas y plazas que dejan todo echo una mierda, personas que se comen un chicle y tiran el papel al suelo teniendo una papelera a menos de dos metro, y lo mejor que vi el fin de semana: una pareja que entraba a su coche con una botella de agua vacía en la mano y, una vez dentro, la chica abría la ventanilla y la dejaba caer al suelo como si nada, teniendo justo delante una hermosa papelera. Así somos, y así parece que seguiremos siendo durante mucho tiempo.