23 junio, 2017

Educando en Valores

Un experto psicopedagogo estadounidense junto a su equipo de educadores y psicólogos, lleva años analizando el comportamiento de los más pequeños en relación con su personalidad a edades más maduras: adolescencia e inicio de madurez en la mayor parte de los casos. Y se ha podido demostrar que los  niños y niñas que, dentro del conjunto de educación en valores que suele recibirse por parte de toda la sociedad (colegio, familia, amigos, resto de niños…), aprenden a respetar la naturaleza de manera lúdica, consiguen mayores efectos positivos que intentando concienciar a la sociedad a edades más avanzadas.

Lógicamente, a una niña de tres años no puedes ponerle un vídeo sobre polución ni un documental y, a veces, incluso por mucho que le expliquemos la importancia de reciclar o de no tirar papeles al suelo no terminan de comprenderla. Lo más normal es que copien la conducta de sus padres y su entorno sin ser demasiado conscientes de lo que eso significa. Así, con suerte, si la familia es respetuosa con el medio ambiente, la niña también lo será, pero no porque sepa lo que eso significa sino porque si ve que su padre tira los papeles a la papelera, ella copiará esa conducta.

Ahora bien, se ha comprobado que si mediante el juego y el ocio se intenta explicar a los más pequeños lo que es la naturaleza y lo que significa para nosotros, la respuesta es totalmente diferente, y no sólo adoptarán posturas respetuosas con el medio ambiente sino que sus conductas se convertirán en una filosofía de vida que mantendrán en su adolescencia y madurez.

Juegos para concienciar a niños en la primera etapa educativa (0-3 y de 3-6 años)

Cuentos: Los cuentos son perfectos para lograr este objetivo pero hay que ser consciente del tipo de cuento que podemos escoger para unos y otros dependiendo de su edad. Lógicamente, por muchos cuentos que les narremos a los niños menores de dos o tres años, no vamos a conseguir que comprendan demasiado de la historia, pero sí podemos narrarles el cuento acompañándolo con láminas de dibujos y demás imágenes. Al principio sólo les llamarán la atención por sus colores y luego, poco a poco, irán comprendiendo qué hay en la imagen. Al final, los pequeños asocian las imágenes a la historia de modo que, si ambos factores guardan relación con la naturaleza (imagen de bosques mágicos, campos de cultivo, etc.) acabarán por identificarla con algo positivo.

Obras de Teatro: A todos los padres, cuando llega el fin de curso, les gusta ver a sus hijos disfrazados encima de un escenario y contando una bonita historia donde, si además, son protagonistas o tienen un papel especial, acabarán con un charquero de babas. Entonces ¿por qué no utilizar ese montaje para mostrarles la importancia de cuidar el planeta? Podemos convertir a los niños en árboles, flores, animales e incluso en superhéroes que protegen la naturaleza. Disfraces encontraremos a patadas, en  La Casa de Disfraces, por ejemplo, podemos comprar casi de cualquier temática, y la historia puede ser fantástica (con flores que hablan y hadas o duendes) o realista (con niños que defienden al bosque).

Películas y Dibujos Animados: En esto los asiáticos nos llevan ventaja, no sólo por conseguir crear un mundo donde la naturaleza se personifica: cada piedra, cada árbol tiene vida. Sino porque además, por su cultura, dan a la naturaleza en sí una apariencia y un nombre (normalmente son deidades) como ocurre en películas afamadas como “La Princesa Mononoke”, “El Viaje de Chiriro” o “El Castillo Ambulante”. Pero  en el mundo occidental también podemos encontrar algunas bastante buenas, y más infantiles, como “Minúsculos: el Valle de las Hormigas Perdidas”, “Wall-E” o “El Bosque Animado”.